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TEXTO LEÍDO POR EL PORTAVOZ DE AMEC EN LA RUEDA DE PRENSA DEL 7 DE NOVIEMBRE DE 2014

Hace ya más de un año, el 12 de junio de 2013, tuvimos ocasión de presentarnos en estas mismas escaleras. La puerta de entrada al edificio más emblemático de nuestra Universidad. Se trata de un lugar paradigmático, un lugar donde se han desarrollado los momentos más especiales de la lucha estudiantil: la larga  y digna lucha estudiantil lagunera. Las escaleras y el hall de este edificio están unidos inevitablemente a nuestra experiencia de jóvenes luchadores, de jóvenes preocupados, abanderados de ideas y compromisos ineludibles. Sin  duda, este es el lugar que mejor representa los sueños, la solidaridad y la militancia estudiantil de varias generaciones de alumnos y alumnas de la Universidad de La Laguna.

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Pero no debemos olvidar que este mismo lugar también ha sido un espacio para el dolor y el sufrimiento. La historia de la represión fascista contra los estudiantes de La Laguna también tiene en estas escaleras y en este hall su lugar. Y no se trata solo de símbolos inertes, es nuestra historia. La historia de la que nos consideramos dignos herederos, como eslabón de esa lucha, de ese Movimiento Estudiantil que nunca debe dejarse doblegar por la infamia y por los responsables -en cada momento de la historia- de poner en marcha los mecanismos represivos.

Estamos hoy aquí porque este es un lugar de  resistencias, un lugar para la toma de conciencia, un lugar perfecto para reclamar la integridad y la dignidad de nuestra lucha estudiantil. Este es el espacio perfecto para reclamar la dignidad de los buenos y la verdad. Porque, pese a la profusión de relatos, pese a esa manía débil de representar la experiencia -las cosas que pasan- como continuo intrascendente y circunstancial; pese a esa manera obtusa de medir la realidad, en la vida real existe la verdad y la mentira, existen los buenos y los malos, las victimas y los verdugos

Y la historia de la Asamblea del Movimiento Estudiantil Canario (AMEC) representa, perfectamente, esa lucha a favor de lo bueno, a favor de la verdad y a favor de las víctimas. Y en esa lucha hemos sufrido la mentira, la maldad y a los verdugos. Porque el rol de verdugo no siempre lo asume el que dispara, sino también aquel que perpetúa innecesariamente el sufrimiento y el dolor. Porque verdugos son aquellos que se encargan de pisotear y destruir los mejores ideales y las conciencias más creativas y entusiastas de una sociedad.

En marzo de 2011, hace ya casi cuatro años, se desató en la Universidad de la Laguna una cacería del estudiante, todos los que fueron identificados como miembros de la Asamblea del Movimiento Estudiantil Canario (AMEC) fueron perseguidos, investigados, interrogados y obligados a sufrir el escarnio y la mordida de una maquinaria represiva montada a tal efecto. En los 87 años de historia de la Universidad de La Laguna no encontrarán ningún precedente. En los últimos 30 años de la historia universitaria en el Estado español no encontrarán un ejemplo de persecución estudiantil tan medido y calculado. Un proceso milimetrado para destruir a todo un colectivo de estudiantes. Nada fue dejado al azar por los ejecutores de un plan que solo puede ser calificado de perverso.

Y, más allá de las medidas cautelares decretadas en su momento por los tribunales, los miembros de AMEC hemos sufrido el castigo, las sanciones terribles de un proceso en el que nuestras garantías se vieron en constante suspensión por un Reglamento de Disciplina Académica fascista, un reglamento firmado por el dictador Francisco Franco Bahamonde en 1954. Un reglamento que condiciona la vida universitaria de todos los estudiantes, un reglamento que se suspende sobre la cabeza del estudiante para garantizar su sometimiento; para garantizar la reproducción de una relación asimétrica, una relación desigual en la que el dominio se materializa -en pleno siglo XXI- de una forma que resulta ya inaguantable.

En la Universidad se debe poner fin al elitismo, al dominio y el sometimiento. En este sentido, la Universidad se nos muestra demasiadas veces como un sistema de castas obsoleto. La Universidad debe ser pensada democráticamente. Los mecanismos destinados a perpetuar el poder en la institución universitaria deben ser destruidos. Demandamos una Universidad a la altura de los tiempos que vivimos, vanguardia de las libertades y de las ideas más avanzadas. Una Universidad donde no tengan lugar la represión política, la persecución de las ideas y el paternalismo indecente.

Eduardo Doménech Martínez y Antonio Rodríguez, rector y jefe de gabinete de esta Casa respectivamente, son los principales responsables de la persecución que ha sufrido a lo largo de varios años el Movimiento Estudiantil lagunero. Ambos son los responsables del ataque sufrido por AMEC. Ellos son los responsables de una acción destinada a desmantelar la auténtica participación estudiantil en la ULL. A Eduardo Doménech Martínez no le ha interesado un Movimiento Estudiantil organizado, un Movimiento Estudiantil capaz de dar respuesta, capaz de entregarse sin contrapartidas a sus compañeros y compañeras. AMEC siempre fue visualizado como el enemigo a abatir.

El rector Doménech y Antonio Rodríguez, su Jefe de gabinete

El rector Doménech y Antonio Rodríguez, su Jefe de gabinete

Pero el denominado “caso AMEC” no hubiera sido posible sin la colaboración del que fuera decano de la Facultad de Psicología, el profesor Pedro Benito Avero Delgado. Pedro Avero ha jugado un papel necesario en esta trama. Pedro Avero también es responsable de este despropósito. Sin Pedro Benito no hubiéramos tenido “caso AMEC”. Sin duda debe asumir, ahora que tenemos una sentencia firme e inapelable, su responsabilidad ante la sociedad y la comunidad universitaria. La justicia ha puesto fin a sus monsergas sobre AMEC.

Pedro Avero Delgado, decano de la Facultad de Psicología de la ULL

Pedro Benito Avero Delgado, exdecano de la Facultad de Psicología de la ULL

Otro de los actores fundamentales, entregado entusiasta en los largos interrogatorios a los que sometió a miembros de AMEC, es el inevitable inspector de la ULL, Andrés Falcón Armas. En todo momento se entregó a una estrategia que asumía como inapelable la culpabilidad de los miembros de AMEC. Estábamos ante un ejemplo más de la indecencia de ese “puertas adentro” que se ha vivido en la ULL durante muchos años. Para Falcón Armas éramos culpables desde el día que nacimos. Para Falcón Armas éramos culpables sin ningún lugar a dudas. Para Falcón Armas debíamos confesar. Andrés Falcón Armas quería entregarnos como trofeos de caza a su rector. Falcón Armas quería demostrar su efectividad, la efectividad de un Servicio de Inspección que nunca se debió poner en marcha en la ULL. Señor Falcón Armas, lea con mucha calma, despacito, las sentencias del caso AMEC. Es posible que eso le permita aprender algo sobre la justicia, algo sobre la verdad.

Andrés Falcón Armas, inspector de la ULL

Andrés Falcón Armas, inspector de la ULL, junto al rector Doménech

Tampoco olvidaremos el día que fuimos concentrados en los pasillos de la tercera planta del Aulario de Guajara para ser instruidos por el profesor de derecho penal José Ulises Hernández Plasencia. No olvidaremos el interrogatorio en el pequeño y frío despacho de la CEOE (fuimos instruidos en un despacho a nombre de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales). Un lugar lúgubre en el que tuvimos que aguantar preguntas “trampa” y la transcripción de los interrogatorios más bochornosa que jamás se pudo hacer. Fueron momentos duros, de mucha angustia. Aunque supimos mantenernos firmes y no nos hicieron perder el humor, ese humor de los momentos difíciles que siempre ha acompañado a los hijos de esta tierra. Esta historia tampoco lo olvidará, señor José Ulises Hernández Plasencia. Esperamos que pueda comentar en sus clases las sentencias. Le animamos a hacerlo. Usted, experto penalista, podrá hablar a sus alumnos de primera mano. Sería interesante que les explicara cuál fue su criterio para cribar al grupo de 23 estudiantes de AMEC con expediente incoado y reducirlo a 12 responsables. Una criba necesaria para manejar con soltura el caso. Una criba que permitía rodear de benevolencia la figura de su rector Eduardo Doménech Martínez.

No olvidamos, les prometemos no olvidar, el papel jugado por muchos otros en esta historia. No olvidamos  el trato despectivo al que nos sometió el representante del PAS Alberto Marín, utilizando incluso la web de su sindicato en la ULL (Comisiones Obreras) para atacarnos y condenarnos de antemano. Tampoco olvidamos el papel que jugó el hombre de confianza del rector Doménech en el Claustro de la ULL, Juan Ignacio Capafons, portavoz de Renovación Convergente, siempre dispuesto a aplaudir las “gracietas” del señor rector.  Y tampoco olvidaremos a aquellos profesores que se encargaron de presionar en el día a día a los alumnos y alumnas de AMEC para que fueran a retractarse al Rectorado, algunos incluso escribieron de su puño y letra dichas retractaciones. Simplemente, decirles que son la vergüenza de Canarias y que, más temprano que tarde, la historia vendrá a visitarles. Y, finalmente, no olvidamos a todos los que hicieron de comparsa del señor rector Doménech y no cesaron de aplaudir y alentar la persecución del Movimiento Estudiantil, la persecución contra AMEC. Todos ustedes han perdido. La dignidad es nuestra.

Aunque también queremos agradecer a la mayoría. Agradecer a todos aquellos que nos apoyaron por su entrega y arrojo. Personas que dieron la cara por AMEC públicamente. A los estudiantes de la ULL, que demostraron con su apoyo que vale la pena luchar; a los profesores y profesoras que no se amilanaron y dieron la cara sin miedo por la verdad y la justicia, por una Universidad diferente. Porque la palabra democracia no es solo una palabra. A los trabajadores del PAS y sus representantes. Porque sabían que se tejía una telaraña de odios y no se dejaron envolver en ella. Muchas gracias por mantener la dignidad. A la sociedad canaria, a los periodistas, representantes públicos, organizaciones políticas, juveniles, sindicales, culturales, artistas, músicos…. A nuestras familias. Muchas gracias a todos. A nuestro abogado, Raúl Alonso, por su profesionalidad y el compromiso personal que siempre puso en este caso.

Por último, queremos dejar bien claro que el caso AMEC se cierra judicialmente, pero no políticamente. En este sentido, tenemos unas cuantas preguntas: ¿Quién asume ahora la responsabilidad política de un proceso que nunca se debió desencadenar?  ¿Puede permitir la sociedad que se utilice reiteradamente el dinero público para perseguir a unos estudiantes por un comunicado de prensa? ¿Quién paga el daño que se ha hecho a la imagen de la Universidad de La Laguna?

La sociedad debe exigir responsabilidad al rector Doménech, la Universidad no es el coto privado de nadie. La única alternativa que le queda a esta institución después de la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias es que se produzca la salida inmediata del Rectorado de Eduardo Doménech Martínez, y con él, la de su jefe de gabinete, Antonio Rodríguez, y el resto de su Equipo de Gobierno.

No podemos jugar con la imagen de la Universidad de La Laguna, su prestigio, el prestigio de los profesionales que en ella laboran, el prestigio de estudiantes y egresados, un prestigio que  merece el máximo de los respetos.

Terminamos, como lo hicimos hace ya más de un año, cuando la justicia reconoció por primera vez que AMEC TENÍA RAZÓN, recordando los versos de nuestro poeta universal Pedro García Cabrera:

 “Un día habrá una isla
que no sea silencio amordazado”.

“Están conmigo siempre
horizontes y manos de esperanza,
aquellos que no cesan
de mirarse la cara en sus heridas,
aquellos que no pierden
el corazón y el rumbo en las tormentas,
los que lloran de rabia
y se tragan el tiempo en carne viva”.

MUCHAS GRACIAS

Vídeo de la rueda de prensa [AMEC TV]:

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Un pensamiento en “Intervención de AMEC sobre la Sentencia del TSJC

  1. Pingback: Represión en las universidades: Reglamento franquista de disciplina académica y "el caso AMEC" | Café y Debate

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